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Un hombre del pasado nos mira. Como tú, no comprende. ¿He de ser menos bella si no soy verdadera?
A man from the past looks at us. Like you, he doesn’t understand. Must I be less beautiful if I’m not true?
“Lisa, querida Lisa:
¿qué está esperando de toda esa gente?”
No lo sé:
nadie puede saberlo
porque los signos están rotos, como decía
uno del que usted no sabe;
porque las cosas disminuyen y pierden
sus nombres,
porque usted y yo somos semillas
plantadas en tierra vaga,
móvil, inconstante.
Porque hoy sólo escribo
a usted, recortada, prístina,
en un día siempre igual.
“Lisa, dear Lisa,
what do you expect from all those people?”
I don’t know:
no one can know
because the signs are broken, like someone
who you don’t know about used to say;
because things fade and lose
their names,
because you and I are seeds
planted in vague,
inconstant, moving soils.
Because today I only write
to you, cut out, pristine,
in a day unchanging.

¿Usted vino aquí por mis confines? Yo no existo en ellos. Usted tampoco.
Adelante cuanto quiera las manos: ¿no sabía que estas fronteras se alejan y se burlan?
Did you come here for my boundaries? I do not exist on them. Neither do you.
Move your hands forward as much as you like: didn’t you know these borders can recede and mock?

Mi boca, como dicen los cristianos, habla por miles. Y en sitio alguno se me encuentra. Lejos, en tu tierra, dime si reconoces mi país, si sabes de los sueños que era dable tener cuando todas vivimos.
El tiempo es vasto, me dicen, y tus ojos no saben; sea, pero un día nos veremos otra vez, en el tratado de las cosas idas, cuando nuestra carne sea tan sólo una fracción de esa memoria empolvada. Hasta pronto.
He de saber si estás mirando todo: la bóveda, la voz en el descenso, las dos caras que luchan en mi cara, los sueños que murmuran a la tierra. No escuches a los sabios en salmuera que se llaman arúspices. ¡Qué poco son los símbolos que forman las letras de mi nombre, los pronósticos de quienes creen mandar sobre mi cuerpo tendido hacia lo alto! Pero a la vez, Verdad asoma a veces en sus bocas manchadas: soy mensaje de dos que no se tocan mas se piensan y hacen girar el mundo.
Mi propia mirada es la piedra: campos de roca hierba, roca verde, roca verdad por siempre.

Tengo dos hijos. Nueve y doce años. Y ahora (he parado a mirar) advierto este problema: ¿Vienen los dos de lo último del futuro? ¿O las puertas no se habían cerrado y viene lo de siempre: informe, pleno, intolerable, doloroso, multidoloroso, gritoymilgritos de colores, muchachas afeitadas, aretes y cueros y tambores?

Las Casa de los Órganos: la noche de garras y de dientes y de carnes: los locos, los deformes, los gigantes, reunidos: en tropel: en la carrera por alcanzar al grito diminuto, falda escolar, secrtetos en emblema, músculo sin usar y tembloroso, zapatos que resbalan peldaño tras peldaño tras peldaño.
Como ella, nos dirán, somos un símbolo: buscamos paz y hallamos el horror, que se entromete hasta con nuestros sueños.
“Ya no sé cómo continuar mi vida”, dice la nena. Suspira por el otro tiempo. Pero la escalera es infinita, como los pilares en casa de los dioses…

Pienso voces de aceite. Mis pasos tienen número, cardinal, reducido como el espacio de mi aliento. Soy lo que ves y no soy lo que ves. ¿Qué harás cuando me toques: cuando sepas la verdad con tus manos?
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