herramientas :: contacto

Mi boca, como dicen los cristianos, habla por miles. Y en sitio alguno se me encuentra. Lejos, en tu tierra, dime si reconoces mi país, si sabes de los sueños que era dable tener cuando todas vivimos.
El tiempo es vasto, me dicen, y tus ojos no saben; sea, pero un día nos veremos otra vez, en el tratado de las cosas idas, cuando nuestra carne sea tan sólo una fracción de esa memoria empolvada. Hasta pronto.

Mis pies, que no pueden verse, tampoco sirven para caminar. ¿Cómo quieren que sepa si mi tierra es de grandes distancias?

Las Casa de los Órganos: la noche de garras y de dientes y de carnes: los locos, los deformes, los gigantes, reunidos: en tropel: en la carrera por alcanzar al grito diminuto, falda escolar, secrtetos en emblema, músculo sin usar y tembloroso, zapatos que resbalan peldaño tras peldaño tras peldaño.
Como ella, nos dirán, somos un símbolo: buscamos paz y hallamos el horror, que se entromete hasta con nuestros sueños.
“Ya no sé cómo continuar mi vida”, dice la nena. Suspira por el otro tiempo. Pero la escalera es infinita, como los pilares en casa de los dioses…

Recortados: mi esposo,
seguro en las ausencias; más aún
la suegra de mi hermana,
entre nosotros por un parpadeo
de la divina luz.
Yo misma tengo un cuerpo fragmentario,
como los de mis hijas.
Pero mi rostro, en casa,
que es otro y que se mira,
se cifra en el instante:
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